La fachada es la carta de presentación: da el tono de toda la edificación, aporta prestigio y distinción, y marca la diferencia con respecto a otras construcciones. En ella se manifiestan las consideraciones estéticas y se espera que cumpla funciones intrínsecas: proteger de las condiciones ambientales, térmicas y del ruido, al mismo tiempo que porta la imagen corporativa de la empresa.